Cultivar la fe: el mundo interno y silencioso de lo femenino.

femenino

El mundo de lo masculino se orienta hacia lo externo, mientras que el mundo de lo femenino habita en lo profundamente interno.

 

Para honrar verdaderamente nuestra naturaleza femenina, necesitamos aprender a valorar nuestros procesos internos, esos movimientos sutiles y silenciosos que nos atraviesan como mujeres.

 

Pero, como estos procesos son invisibles a los ojos del mundo, a veces resulta difícil reconocer su importancia. Nos enseñan que lo valioso es lo que se produce, lo que puede medirse o mostrarse.

 

Sin embargo, la esencia de lo femenino no necesita manifestarse externamente para tener valor. Sí, lo femenino da origen a realidades visibles, pero su belleza y potencia no dependen de eso. Cuando tratamos de medirnos únicamente por lo que hacemos o mostramos, terminamos desconectándonos de nuestra esencia, menospreciando nuestro propio valor y dudando de nosotras mismas, pensando que nos estamos quedando cortas.

 

Durante mucho tiempo me reprendí por no moverme con suficiente rapidez en lo externo. Todo comenzó en el sistema educativo, cuando estudiaba ingeniería civil en una universidad exigente. Ingresé porque parecía ir en línea con lo que había visto que otros hacían para ser “exitosos”. Tenía dudas sobre lo que realmente quería estudiar, pero seguí ese camino sin saber si era el adecuado para mí.

 

Con el tiempo, me di cuenta de que el sistema educativo valoraba solo lo que se logra hacia afuera, medido según estándares lineales de éxito, más que ver y sentir cuándo uno experimenta alegría, compromiso y disfrute del aprendizaje. Si el resultado externo no estaba allí, era como si nada tuviera valor. Si el output no es cuantificable, es como si no tuviera verdadero valor.

 

Abandoné mis estudios debido a una depresión. Sentía ansiedad extrema y una tristeza profunda por el estado del mundo, mientras me sentía desconectada y aislada de los demás. Me abrumaba pensar en los problemas que me rodeaban y en cómo podía contribuir, todo esto sumado a una falta de autoestima y confianza en mí misma.

 

Entonces decidí buscar respuestas para sanar mi condición y mis dudas existenciales, más allá de un tratamiento médico tradicional. Todo lo que indagué fue para comprenderme, sanar y encontrar un camino con sentido. Con el tiempo, descubrí que existía en mí una desconexión con mi esencia interna, íntimamente relacionada con la feminidad.

 

Sin embargo, seguí notando cómo devaluaba lo femenino en mí, especialmente cuando inicié mi negocio y mis proyectos creativos. Hubo momentos en los que sentí que estaba equivocada al creer que podía liderar si no estaba creando resultados inmediatos, como si tuviera que hacer las cosas siguiendo lo que veía que otros hacían.

 

En retrospectiva, esta también fue una iniciación hacia lo femenino. Porque una gran parte de lo femenino es el cultivo de la fe: creer en lo invisible y confiar en que habrá una manifestación orgánica de lo que ocurre internamente, cuando las cosas estén listas.

 

Al igual que en la naturaleza, no podemos plantar algo y forzarlo a crecer. Gran parte del crecimiento inicial ocurre bajo tierra, en lo invisible, en los suelos oscuros donde las raíces se forman. No forzamos a la planta a aparecer; en cambio, cuidamos el suelo, le damos los nutrientes y el entorno que necesita, para que pueda sostenerse por sí misma cuando finalmente florezca en el mundo exterior.

 

Desvaloricé mi feminidad porque no apreciaba la codificación orgánica de lo femenino, que solo puede comprenderse desde dentro. No me permití abrazar y tener fe en la forma lenta y constante en que lo femenino crece y madura en los suelos profundos del interior de una mujer.

 

He observado que nos han convencido de que estamos fracasando si no tenemos algo que “mostrar” de inmediato al mundo externo. Pero no nos han enseñado que el proceso de ir hacia dentro es lo que nos abre a la penetración de la Verdad, fragmentos de la cual se revelan a cada una de nosotras en nuestra propia manera y momento único. Esto es lo que requiere lo femenino para ella sentirse lista para dar a luz a realidades y creaciones en el mundo externo. Si intenta apresurar este proceso, termina apegándose a creaciones sintéticas y líneas de tiempo que no sirven a su verdadera naturaleza.

 

Lo femenino, como receptor que puede dar a luz nuevas realidades mediante su fe en lo invisible, es lo que percibo como el propósito espiritual más profundo de la feminidad. Sin embargo, para sintonizar con esto, el primer paso es confiar en nuestra esencia femenina, no por lo que podemos producir de ella, sino por su valor inherente.

 

La fe es quizá la revelación más potente de lo femenino, porque es esa sustancia invisible que constituye el fundamento espiritual de nuestro ser y el medio más profundo para conectarnos con la Verdad infundida por la Fuente de quiénes somos realmente.

 

M. 🕯️

🌿 Si deseas seguir leyendo reflexiones y escritos sobre estos temas, puedes encontrarme aquí.

 

📖 Si sientes el llamado a profundizar, te invito a suscribirte a Recibirte, un journal gratuito de sanación y reconexión femenina.

 

✨ Y si deseas ir más allá, también puedes explorar Mujer de Valor, un curso creado para acompañar a mujeres que desean recordar su valor esencial y volver a habitar su naturaleza femenina con más suavidad y claridad.

 

🌸 También comparto escritos y visuales en Pinterest@macasoulart

femenino

Creé este espacio para compartir información sobre la espiritualidad, el incentivo del bienestar, la expansión de la conciencia y honrar y confiar en tu feminidad, tu creatividad y tus ritmos naturales. En este sitio web confluyen algunos de mis conocimientos y habilidades para ayudarte en tu propio camino de desarrollo y sanación.

Mantente en contacto

recibe escritos + actualizaciones vía correo en realización femenina, hacia una vida más suave y radiante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *